En plena villa medieval de Trujillo, a los pies de Santa María la Mayor y de la mano del ilusionante proyecto histórico cultural de la conmemoración en el año 2011 del Quinto Centenario del Nacimiento del descubridor del Amazonas, el trujillano Francisco de Orellana, se ha reconvertido su casa natal en un lugar especial en el que además de alojarse el visitante interesado pueda encontrar una base documental única con todo lo relacionado con la Amazonia y su entorno. Entre tanto la magnífica restauración de este palacio del siglo XV es motivo suficiente para hacer destino preferente de nuestra estancia en Trujillo y punto de partida privilegiado para la visita de todo el norte de Extremadura.
No se trata de un hotel al uso, ni siquiera se anuncia como tal en el exterior, aquí el lujo no reside en la infinidad de servicios que ofrezca y multitud de personal a su disposición sino en algo tan sencillo como la posibilidad de disfrutar de una estancia en la más absoluta intimidad y en un entorno exclusivo en el que los alojados son invitados de la propiedad más que otra cosa. Todo en la Casa está a su disposición una vez franqueado el portón ojival que hace de entrada.
La discreta sencillez de su fachada da paso en el interior a una acogedora decoración obra del afamado Duarte Pinto Coelho, también vecino de la villa y con quien no será difícil coincidir. El mantenimiento de la estructura y distribución originaria se combina a la perfección con la calidez que la profusión de telas y pinturas murales otorgan a cada estancia; todo invita a hacer vida en su interior, a disfrutar de una casa única por su emplazamiento y por su historia. Un lugar perfecto para el descanso, la inspiración o el estudio. Tanto los salones como cualquiera de las cinco habitaciones abiertas al jardín privado presidido por un gran aljibe que invita al baño conforman un reducto de tranquilidad y silencio sólo roto por el rumor del agua. Al atardecer el jardín adquiere protagonismo, levemente iluminado y perfumado por el aroma nocturno de las lavandas y demás aromáticas que lo flanquean se convierte en el escenario perfecto para la conversación y entre copa y copa no será difícil que la madrugada nos alcance entretenidos con la apasionante historia de Trujillo y sus gentes, contada con pasión por nuestros anfitriones.
Un proyecto distinto que se aleja de lo convencional, que basa su éxito en la exclusividad, en la cercanía al visitante, en la nobleza del entorno y que invita a estancias que se prolonguen en el tiempo, estableciéndose una relación especial tanto con la Casa como con quienes en ella tienen puestas sus ilusiones. No todo el mundo sabrá valorarlo, tampoco es su objetivo, basta que quien lo haga sienta que tiene un vínculo más con Trujillo.
Antonio Fernández Sevilla. Registrador de la Propiedad.
Hotel Casa de Orellana
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